Es el peor jefe de la galaxia, y ella no tiene miedo de
decírselo.
Savannah Mays siempre había sido una asistente ejecutiva de primera categoría,
hasta que un incidente catastrófico con su jefe provocó su despido y su
inclusión en la lista negra. Con las facturas acumulándose y sin otras
opciones, se inscribe en GAL Friday, la principal agencia de trabajo temporal de
la Tierra que proporciona trabajadores humanos a extraterrestres. Se supone que
es una solución temporal. Y recalco: temporal.
El vicepresidente Stratos, de la división I&D de OberTech, es brillante,
exigente y, como es bien sabido, imposible de tratar. Cuando su sufrida
asistente se atreve a tomarse una baja por maternidad y Recursos Humanos no
encuentra a nadie lo suficientemente valiente como para sobrevivirle, recurre a
regañadientes a GAL Friday.
Savannah entra en escena y, desde el momento en que se conocen, saltan chispas,
y no precisamente de las agradables. Él es gruñón, directo y detesta las
conversaciones triviales. Ella es de lengua afilada, intrépida y se niega a
dejarse intimidar por un ejecutivo alienígena de más de un metro ochenta con el
ceño fruncido permanentemente. Sus constantes choques pronto se convierten en
algo mucho más peligroso que la tensión laboral.
Porque debajo del sarcasmo y los ceños fruncidos se esconde una química
innegable, y una conspiración que podría costarles todo.

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