Luna no cree en las historias de amor. No porque no existan, sino porque la
vida ya le ha arrebatado demasiado como para volver a apostar el corazón.
Amante de la escritura, marcada por la ausencia de su padre y sostenida por los
vínculos que sí permanecen —como la amistad, la familia o la memoria—, Luna ha
aprendido a vivir con los pies en la tierra y la mirada, inevitablemente,
puesta en la Luna.
Alexander, en cambio, es todo lo que ella evita: músico popular, rodeado de
rumores, deseado por muchos y comprendido por pocos. Detrás de la imagen de
chico seguro y superficial, se esconde alguien tan frágil como ella, atrapado
en una máscara que no eligió del todo.
Un encuentro fortuito, una pulsera compartida y una serie de coincidencias
imposibles los empujan a cruzar fronteras emocionales que ninguno pensaba
atravesar. Entre silencios, risas incómodas, heridas familiares y prejuicios
ajenos

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