Una dama entrometida.
Un Lord obligado por el honor.
Y bastantes malentendidos.
Inglaterra, 1749.
Lady Edith Weston, hija del conde de Swansborough, está
decidida a ver a su amiga casada con un hombre al que ame. Desafortunadamente,
Lady Adele, está prometida desde su nacimiento y se niega a romper el corazón
de su padre yendo en contra de sus deseos. Edith, sin embargo, no puede
aceptarlo, y cuando ve los primeros indicios de amor entre su querida amiga y
un visitante del norte esa Navidad, está decidida a obrar un milagro.
Jasper Beaumont, conde de Whickerton, cometió el error monumental de prometerle
a su padre en su lecho de muerte que se casaría en el plazo de un año. Por
desgracia, han pasado once meses y demasiados días sin que aparezca una novia
adecuada. Al menos, hasta que visita el castillo de Cumberton para las
festividades y su camino se cruza con el de una jovencita muy intrigante.
Edith, que nunca se ha preocupado por sus propios asuntos, hace lo que debe
para demostrarle a su amiga que nunca hay que renunciar al amor. Una afirmación
que resulta aún más cierta cuando Edith descubre que todos sus movimientos son
observados por un caballero burlón de ojos malvados y sonrisa diabólica... que,
curiosamente, no parece desaprobar sus tendencias entrometidas.
Impresionado por el ingenio de Lady Edith, Jasper observa cómo dirige a todos
los que la rodean como un titiritero talentoso, decidido a garantizar la
felicidad de su amiga. No pasa mucho tiempo antes de que empiece a preguntarse
si quizás él también ha quedado atrapado en su red y está haciendo precisamente
lo que ella quiere que haga.
La única pregunta: ¿podría ella desearlo?