¿La regla de oro de la NHL? Mantener la cabeza fría.
¿Mi problema? Un preservativo defectuoso y la camarera más insoportable —y
sexy— de Boston.
Se suponía que lo nuestro en el callejón del bar sería solo una noche de
lujuria salvaje. Pero, un par de meses después, Haley se planta en mi
entrenamiento embarazada.
Para evitar que mi mánager colapse y la prensa nos destruya, le propongo que
vivamos juntos.
Parece una buena idea… hasta que un bote de sirope de chocolate en la cocina y
una ducha de agua caliente mandan nuestro acuerdo a la basura.

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