Mi plan era sencillo: empezar de cero. Nuevo piso, nuevo trabajo y una vida
tranquila en el mejor barrio de Miami, lejos de los errores de los últimos
cuatro años. Y, sobre todo, lejos de hombres que huelen a problema.
Todo se complica el primer día, cuando casi incendio el edificio y termino
conociendo al chef del tercero izquierda: Mateo Ruiz-Llanes. El mismo que cerró
el mejor restaurante de la ciudad sin dar explicaciones y que ahora quiere
abrir uno nuevo.
Justo en el local que yo tengo que reformar.
Trabajar juntos ya sería un reto suficiente, pero vivir en el mismo edificio
convierte cada decisión en una batalla constante.

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