Ella firmó. Ahora debe pagar el precio…
Miro a los ojos de mi nuevo marido y sonrío. Es el día de nuestra boda y me
siento como la mujer más afortunada del mundo. Lucas es perfecto. Me trae el
desayuno a la cama por la mañana, ramos de flores por la tarde y nunca sale de
la habitación sin darme antes un beso. Aun así, no puedo deshacerme de esa duda
persistente que me ronda la cabeza, especialmente en lo que respecta al acuerdo
prematrimonial que insistió en que firmara. ¿Acaso cree que solo me interesa su
dinero? Me convenzo a mí misma de que no importa. Lo quiero, y mi amor por él
es tan fuerte que ingenuamente creo que podrá superar cualquier obstáculo…
Tres años después, todo ha cambiado. Ya no queda nada de la seguridad que una vez
sentí junto a él. Cuando miro a Lucas hoy, no reconozco a la persona con la que
me casé. Estoy atrapada con un hombre al que nunca he llegado a conocer de
verdad en una casa que cada vez se parece más a una prisión.
Cada día que pasa el terror que siento aumenta. Firmé el acuerdo prematrimonial
y, al hacerlo, renuncié a mi libertad. Puede que no logre salir de esto con
vida…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario