
Cuatro amigas, un sortilegio, y una promesa que unirá sus destinos para
siempre.
Siendo apenas unas niñas, Beth lleva a sus amigas, Marta, Lydia y Cris, a hacer
una promesa. Todas ellas, que son unas románticas empedernidas, están de
acuerdo en llevar a cabo aquel ritual, que les marcará el día, el mes, el lugar
y la edad a la que deberán contraer matrimonio. En el último momento, a Lydia
se le ocurre un requisito más: deberán compartir toda una semana juntas, ellas
y sus respectivos novios, antes de darse el «Sí, quiero».
El problema, para Beth, surge cuando, a un mes de la fecha señala, su novio
decide romper con ella. Ese detalle marcará el inicio de una búsqueda
desesperada por encontrar a alguien tan idiota, o tan insensato, como para
aceptar su proposición.
Ese alguien aparecerá, de la forma más inesperada e inverosímil, como todo
cuanto ocurre en la vida de Beth, y de sus amigas. Gracias a sus artimañas,
conseguirá que un desconocido, de nombre Killian, quien se convertirá en todo
un enigma para ella, acceda a participar en una farsa, haciéndose pasar por su
nuevo novio. Solo tiene que subir a un avión y disfrutar de una semana de
vacaciones pagadas en un lugar paradisíaco, junto a una mujer y tres parejas
más... Cree que podrá soportarlo; aunque todo se tuerce al descubrir que Beth
le ha ocultado el detalle más importante: la boda.
¿Cederá Killian? ¿Le perdonará su engaño? ¿Serán capaces de fingir que son una
pareja? Y... ¿qué hay del resto?, ¿son tan idílicas sus relaciones como hacen
creer? ¿Acabarán cumpliendo su promesa? No hacerlo, les podría acarrear un mal
de catastróficas dimensiones.