Sarah Hartwell no esperaba que su vida se viniera abajo en una sola semana. Pero aquí estamos.
Primero, descubre a su prometido engañándola. (Con alguien
cuyos pechos desafían la gravedad, lo que de algún modo lo hace todavía peor).
Luego, su editor le recuerda que tiene cuatro meses para entregar un libro que
ni siquiera ha empezado… y que quizá ni siquiera recuerda haber aceptado
escribir.
Así que, cuando llega una carta que le informa que heredó
la posada de su tía abuela en el pequeño pueblo de Maplewood Falls, Sarah hace
lo que haría cualquier adulta emocionalmente desbordada y apenas funcional:
empaca una maleta, toma su portátil y se dirige al norte en busca de un nuevo
comienzo.
Solo hay un problema: su coche no aguanta el viaje.
Mientras la vida de Sarah sigue desmoronándose… aparece
Alex Carter.
Empresario local. Injustamente guapo. Molestamente
tranquilo. Y exactamente el tipo de hombre estable y capaz con el que Sarah no
tiene la energía emocional para lidiar.
Pero Maplewood Falls tiene otros planes.
Entre vecinos entrometidos, ardillas que aparecen como
inquilinas sorpresa, una posada que quizá se mantenga en pie gracias al
optimismo y la cinta adhesiva, y un pueblo que se emociona demasiado con los
recién llegados, Sarah termina enredada en la vida de un lugar pequeño y en
Alex, le guste o no.
Sarah llegó a Maplewood para recomponer su vida. Definitivamente, enamorarse no estaba en sus planes.

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