Cancelé mi boda en orden descendente de penalización.
Nora Requena se gana la vida escribiendo la letra pequeña de los seguros de
boda. Esa línea exacta por la que a alguien se le cae el mundo y nadie le
devuelve nada.
Once días antes de casarse descubre una mentira pequeña y lo cancela todo con
la eficacia de quien tramita un siniestro. Sin llorar delante de nadie. Y
cuando reclama su propio seguro, se topa con la cláusula que la deja fuera.
La escribió ella.
Lo que no puede cancelar son los 31.000 euros del paquete nupcial de un resort
de Lanzarote —12.000 los pusieron sus padres—, porque la agencia ha quebrado y
el contrato queda congelado: se ejecuta exactamente como está escrito o se
pierde entero.
Así que Nora se planta allí. Sola. A consumirse su propia boda servicio por
servicio, con hoja de cálculo.
Hay un problema: en ese paquete todo está contratado para dos .

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