Se suponía que la maldición familiar solo era una leyenda. Pero tras regresar a
su pintoresco pueblo natal para el funeral de su abuela, Morgan descubre que la
maldición no solo es real, sino que su herencia ha sido cedida a un hombre lobo
alfa arrogante a cambio de su protección.
Sylvan está obligado a ser el guardaespaldas de Morgan por un contrato que
ninguna magia puede romper. Lástima que no soporte a la indefensa bruja. Sus
hechizos son inútiles. Se queja del pelo que deja por toda la casa cada vez que
se transforma. Constantemente se tropieza con todo y se lastima. La pequeña
bruja está destinada a volverlo loco.
Pero ahora, Morgan y Sylvan no tienen más remedio que pasar nueve meses juntos
en la misma mansión gótica para cumplir con los términos del trato. Nueve meses
de protección, nueve meses unidos por el destino. Para colmo, cuanto más tiempo
conviven juntos, descubren un problema más preocupante que el peligro que acecha
en la ciudad o su ridículo acuerdo.
Puede que el hombre lobo gruñón y la bruja malvada se estén enamorando.
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