Alguien la vigila. Ella lo sabe. Nadie la cree.
Hace siete meses que el marido de Sophie Portman desapareció camino de una
expedición al Ártico. Desde entonces no consigue quitarse de encima la
sensación de que unos ojos la siguen: por la calle, en la tienda, al otro lado
de la ventana de su cocina.
La policía no encontró nada. Ni una fotografía, ni una grabación, ni una sola
prueba. Su psiquiatra tiene un nombre para lo que le ocurre: delirios
persecutorios. Estrés. Duelo. Una mente que se protege inventando a un
perseguidor.
Sophie empieza a creerle. Empieza a aceptar que el problema está dentro de su
cabeza.
Se equivoca.
Porque hay alguien que la observa desde hace meses. Alguien que conoce cada
palabra que pronuncia en sus sesiones de terapia. Alguien que sabe exactamente
qué le ocurrió a Jack.
Y Sophie también lo sabe.
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