Dos personas se conocen por casualidad en el Instituto de Arte. Antes de su
inesperado encuentro, él es un estudiante de doctorado que gestiona sus
pensamientos destructivos con cálculos compulsivos sobre los viajes en el
tiempo; ella es una artista falsificadora bipolar que va a psicoterapia por
orden judicial. Al final de la historia, nada de eso habrá cambiado. Pero esta
no es una historia sobre finales.
Para Regan, las personas son predecibles y tediosas, incluida (y tal vez,
especialmente) ella. Se enfrenta a la monotonía de la existencia viviendo de
forma impulsiva, imaginando un tiempo nuevo, alternativo, creado a partir de
cada decisión apresurada.
Para Aldo, el mundo es inquietantemente caótico. Se enfrenta a los días
erigiendo un muro de rutina, un ritmo de reglas y fórmulas que le hacen seguir
adelante. Sin ellas, el marco entero de su existencia se colapsaría.
Para Regan y Aldo, la vida ha consistido en resignarse a los cianotipos de la
inevitabilidad, hasta que se conocen.
¿Podrían seis conversaciones con un extraño ser la variable que sacuda los
cimientos de su vida?

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