Rachel Henderson, una heredera de veintidós años, tiene un
solo objetivo este verano: refugiarse en la casa de su familia junto al lago y
recuperarse de la ruptura más humillante que la sociedad neoyorquina haya
presenciado jamás. Sol, natación y cero paparazzi: ¿qué podría salir mal?
Pero su tranquilo verano junto al lago se convierte en un auténtico infierno
cuando un percance con una vela en un día de spa prende fuego a las cortinas de
diseño de su madre. Cuando llega el cuerpo de bomberos local —en concreto, el
capitán, increíblemente atractivo—, la casa se salva, pero el capitán le hiere
el orgullo con una reprimenda sobre seguridad contra incendios.
Decidida a demostrar que puede valerse por sí misma sin la ayuda de su familia,
Rachel encuentra una nueva compañera de piso y un nuevo trabajo; lástima que
sea pésima en él. Ah, y no para de toparse con el Capitán Alto, Moreno e
Insoportable (lo cual, desde luego, no es ningún problema). Cuanto más tiempo
pasan juntos, más profundas se vuelven sus conversaciones, y Rachel se da
cuenta de que se está enamorando de Wyatt. Cree que él podría sentir lo mismo.
¿El único problema? Wyatt valora la estabilidad y la permanencia, mientras que
Rachel es la personificación de la inconstancia. Pero este verano, tal vez se
sienta tentada a quedarse…

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