Entré a Club Radiant con un único propósito: aprender los
fundamentos del placer.
El destino quiso que me cruzara con un maestro experimentado, un hombre que me
doblaba la edad, cuya mirada ardiente prometía un mundo en el que todos mis
problemas podían desvanecerse en un instante.
Pero no era cualquier dominante.
Él es mi nuevo instructor de educación sexual, y sus lecciones no se parecen a
nada que pueda encontrarse en un libro de texto.
¿Nuestras clases? No son simples conferencias, sino demostraciones intensas y
prohibidas de cada acto erótico que pueda imaginar.
Solo hay un pequeño problema…
No traje pareja.
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