Rocío solo quería dar un paseo por la playa.
Le daba igual que fuera de noche y que no hubiera nadie. Necesitaba salir de su
piso después de mandar a freír espárragos al vago de su novio y convencerse de
que, por una vez, había hecho lo correcto.
Lo que no entraba en sus planes era que un desconocido empezara a seguirla.
Ni que un boxeador profesional apareciera justo a tiempo para impedir que
aquella noche terminara de la peor manera.
Bruno sabe muy bien cómo noquear a un rival dentro del ring. Lo que no sabe es
cómo defenderse de una mujer capaz de entrar en su vida como un golpe directo
al pecho.
Porque Rocío no buscaba ser salvada.
Y Bruno no esperaba acabar noqueado y enamorado.

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