Ella gestiona crisis. Él rescata perros. Sus mascotas han decidido que se
quieren antes que ellos.
Greta Cossío se gana la vida haciendo que la gente desaparezca de los
titulares. Es la mejor en lo suyo, y lo suyo exige una sola cosa: que nadie
sepa qué cara tiene. Hasta la noche en que su gato —un naranja gordo y
despótico que no quiere a nadie— aparece en un vídeo viral derritiéndose por el
golden retriever del vecino. Cuarenta y un mil reproducciones. Y, al fondo del
plano, medio segundo, su cara.
Bruno Olmedo abre cada mañana la verja de la protectora que heredó de su padre
y sonríe como si todo fuera bien. No va bien: el sitio se hunde. Así que cuando
una marca de pienso quiere fichar a «la pareja del barrio» por un dinero que lo
salvaría, Bruno dice que sí. Aunque eso signifique fingir, delante de medio
internet, que sale con la vecina del cuarto.

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