Tristan Stone está prohibido.
No importa que ese ranchero hosco y padre soltero no haya hecho nada malo. Su
apellido me obliga, por sangre, a odiarlo. Mi familia jamás aceptaría que yo
sintiera algo por nuestro enemigo.
Cuando se detiene (bajo una lluvia torrencial) porque tengo una llanta
ponchada, lo último que espero es que me ayude.
Hago todo lo posible por ignorar el agua que resbala por el ala de su sombrero
y la forma en que llena ese pantalón de jeans. Todo lo posible, sin embargo, no
es suficiente. Cada noche cierro los ojos y sueño con un futuro que nunca
podremos tener. ¿Y después de que me defiende en el bar y compartimos un baile
mágico? Solo empeora.
Sé que debería olvidarlo, pero una noche lo encuentro solo y le propongo una
relación sin ataduras que los dos prometemos mantener en secreto. Las miradas
furtivas a través de los límites de la propiedad se convierten en encuentros
clandestinos bajo las estrellas, envueltos el uno en los brazos del otro.
Da igual que nuestras familias jamás lo aprueben, o que me haya dicho que nunca
volverá a amar. Lo deseo con una intensidad que me consume.
Pronto, nuestro acuerdo de no involucrarnos emocionalmente queda hecho pedazos,
y mi corazón le pertenece a ese ranchero roto. ¿Lo destrozará, o los desafiará
a todos y nos elegirá?

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