No quería esto.
No pedí esta vida. Pero, por encima de todo, no pedí a este… Demonio.
La perdición de mi existencia.
Por supuesto, había intentado someterlo. Calmar su rabiosa necesidad de
controlarme constantemente. Lo había intentado todo. Lo único que funcionó… fue
consumir la esencia de la miseria.
Alimentarme de las almas degeneradas que ofrecía esta ciudad. Así que vivía
entre lo peor de lo peor. Un bufé de mortales pecadores para apaciguar la
oscuridad de mi interior.
Así fue… hasta que llegó la luz

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