Las almas destinadas no secuestran. La mía me echó al
hombro y salió corriendo.
Un momento estoy celebrando con mi familia. Al siguiente, el Alfa Ironjaw, el
rival de mi hermano y enemigo de mi manada, me arrastra a territorio hostil
como si yo le perteneciera.
Dice que actuó por desesperación. Afirma que nuestro vínculo es lo único que
puede salvar a su manada moribunda, pero yo no pedí ser la salvación de nadie.
Debería odiarle. Por secuestrarme. Por atraparme. Por hacerme desear al enemigo
que me enseñaron a detestar.
A mi loba traidora le da igual. Solo le importa cómo su contacto enciende cada
nervio de mi cuerpo.
Pero Jonah oculta algo.
La maldición no se rompe. Ha estado matando a sus propios lobos por compasión
mientras fingía que mi presencia ayudaba. Y ahora todo lo que pensaba que
estaba construyendo con él se hace añicos.
El vínculo de pareja exige que me quede. Mi orgullo exige que me vaya. Y el
enemigo que nos persigue a ambos no va a esperar a que yo decida.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario