Cuando era pequeña, Dani no podía evitar seguir a todas partes al adorable hijo de la mejor amiga de su madre. Divertido, un tanto rarito y con un corazón de oro, Alec siempre estaba dispuesto a pasar el rato con ella. Eran uña y carne hasta que Dani se mudó. Alec le prometió que no perderían el contacto pero. no fue así.
Años después, Dani ha vuelto a Minnesota para cursar su último año de instituto. A pesar de tener que lidiar con las devastadoras consecuencias del divorcio de sus padres, no le importaría retomar el contacto con el cálido y amable Alec (e incluso pedirle explicaciones sobre por qué dejó de escribirle hace años).

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