Llegó el momento.
Casi había olvidado lo que se sentía sonreír, reír y vivir de verdad. Hasta que
lo conocí.
De una belleza que te deja sin aliento.
Totalmente prohibida.
Keats Matthews me miraba como si fuera alguien especial.
Huía de su pasado. Yo quería escapar de mi presente. Juntos, nos enamoramos
perdidamente y supimos que habíamos encontrado el “para siempre”. O eso
creímos…
Seis años después, sus hombros son más anchos de lo que recordaba, su
encantadora sonrisa derrite mi helado corazón, y es tan tentador pasar mis
dedos por su cabello como lo hacía hace años. Pero es la ternura y la calidez
de sus ojos color avellana lo que me recuerda el “para siempre” que casi compartimos.
Es mágico cuando volvemos a estar juntos. Nuestra química solo se intensificó.
Verlo, seguro de sí mismo y más irresistible que nunca, me hace enamorarme de
él otra vez y esperar una segunda oportunidad.
Pero sigue creyendo que antes no era el momento adecuado. Se equivoca. Fue el
secreto que mantuve oculto lo que nos separó. El tiempo no sanó las viejas
heridas, y no todo lo oculto salió a la luz. Cuando lo haga, nos mantendremos
juntos o nos separaremos. Sea como sea, debemos averiguarlo.

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