Criar a mi hijo de diez años, dirigir un rescate de animales y cuidar de mi abuelo no me deja tiempo para complicaciones, y mucho menos para atletas arrogantes que me sacan de quicio.
Lástima que el universo no recibió el memo.
Porque una gran complicación acaba de irrumpir en mi vida – literalmente - , en
la forma de Archer Evans, un imponente mariscal de campo de la NFL, sentenciado
a hacer servicio comunitario en mi refugio tras un escándalo. A pesar de sus
errores, intento no juzgar. Él tiene sus propios demonios, y aunque ha dejado
perfectamente claro que me quiere, lo último que necesita es una mamá soltera
desconfiada viendo al hombre vulnerable que se esconde bajo los músculos y la
actitud.
Aunque, debo admitir, me tienta mirar.
No es que vaya a ceder. Con su fama, Archer jamás pasaría de la segunda cita de
mi regla de ocho citas.
Yo quiero algo simple. Seguro.
Él es demasiado exitoso. Demasiado arrogante. Demasiado todo.
La definición de complicado.
Pero mientras los muros de Archer empiezan a desmoronarse, los míos también. Y
esta complicación se siente sospechosamente como amor.
Yo hice las reglas. Tal vez es hora de romperlas.

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