Intento olvidarla.
Es imposible.
Al crecer juntos, Conor y yo compartimos todas nuestras primeras veces.
El primer amor, el primer beso, la primera... Pero no todas nuestras primeras
veces.
Teníamos dieciséis años la noche en que la agredieron violentamente mientras yo
observaba impotente.
Nunca olvidaré los sonidos de su sufrimiento. Ni mi agonía inconsolable cuando
se marchó de Oklahoma.
Años más tarde, ella regresa para honrar nuestro pacto de adolescentes.
Excepto que el chico al que amaba ya no está, reemplazado por un vaquero
despiadado envuelto en secretos.
Ella no conoce mis oscuros deseos ni los rastros de pecado que conducen a ella.
No la merezco, pero una verdad permanece. Ella es mía.
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