Iba a ser un final de semana como otro cualquiera, solo tenía que seguir la
rutina para arreglarme y salir del piso como cada día, para dar la bienvenida
al descanso y a la diversión. Fácil, ¿no?
Me llamo Izel y lo fácil se complicó para mí al ir a lo loco, sin ver ni oír y,
por supuesto, sin saber dónde pisaba.
Iba despistada y no lo vi llegar, y eso me llevó a terminar en los brazos de un
desconocido, en la escalera del edificio en el que vivo.
Él, Héctor, apareció como mi salvador. Lo que no supe en nuestro primer
encuentro era que llegó a mi vida para alterarla y volverme loca. Y aquí está
el gran problema, que se lo tiene muy creído, pero es que puede permitírselo.


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