El juez Thompson no es el tipo de hombre que ama; se obsesiona.
Aprendió muy pronto que los sentimientos son una debilidad y que la única forma
de seguir “a salvo” es vivir bajo reglas inquebrantables: una rutina impecable,
una reputación intocable, una soledad elegida y una frialdad que nadie se
atreve a desafiar. Lo controla todo… hasta que entra en un club nocturno y la
ve.
Yudiana no baila para seducir — baila para sobrevivir y pagar las cuentas.
Lengua afilada, temperamento explosivo y una mirada que no pide permiso. Detrás
del brillo, carga con un pasado que aún le respira en la nuca, como una
amenaza. El problema es que, en el instante en que Thompson la ve, decide que
será suya.

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