Bell no se encuentra bien al regresar a París.
Jacques, su prometido, es un lugar seguro. Todo en él es familiar.
Tranquilizador. Y, aun así, algo es diferente en ella.
Las fechas no coinciden. Los recuerdos se contradicen. Cuando intenta hacerse
preguntas, el dolor de cabeza la obliga a detenerse, a no pensar de más, a no
ahondar en su memoria. Su cuerpo responde de formas que no reconoce, como si ya
no le perteneciera del todo.
En brazos de Jacques se siente a salvo, feliz; pero la mirada de un desconocido
despierta en ella una inquietud que no sabe nombrar. Y hay detalles imposibles
de ignorar: unos ojos que ya no son los mismos, unas garras alrededor de su
cuello.
Bell necesita respuestas. Rellenar los huecos de su memoria. Entender qué ha
cambiado durante estos tres años fuera.

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