Los jugadores de
rugby son unos gorilas. No hace falta disimularlo. Son los más fuertes, los más
bestias, los de mayor resistencia, los más cabezotas del planeta y, sin lugar a
dudas, los peores gestores de riesgo físico y emocional de la historia del
deporte.
Adara Serra, en
cambio, valora mucho sus huesos, sus neuronas y su tranquilidad, por eso tiene
tres normas claras:
Con las dos
primeras va regular. Con la tercera está a punto de suspender con nota.
Adara se ha hecho
un nombre limpiando la reputación de deportistas que meten la pata. Sabe cómo
apagar incendios, cómo fabricar disculpas perfectas y cómo hacer que el público
olvide casi cualquier cosa.
Casi.

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