Cuando Madison llega al cuerpo psicológico de los Los Angeles Vultures, tiene
claro su objetivo: mantener la profesionalidad, imponer límites y no dejarse
intimidar por las estrellas del equipo. Especialmente por Carter Reed, el
receptor más impulsivo, prepotente y mujeriego que jamás haya pisado ese
vestuario.
Carter está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Y desde el primer
momento, quiere a Madison. Su carácter, su firmeza y esa manera de plantarle
cara lo intrigan tanto como lo desesperan. Para él, ella es un desafío. Para
ella, él es justo el tipo de problema del que prometió alejarse.
Pero cada encuentro se vuelve un choque eléctrico.
Cada conversación, un pulso que ninguno quiere perder.
Y cada límite que Madison marca, Carter se empeña en romperlo.
Lo que empieza como provocación se convierte en tensión.
La tensión, en deseo.
Y el deseo… en una jugada demasiado imprudente para ignorarla.


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