La lucha para un nocturna nunca termina y él lo sabe de primera mano. Mientras
se enfrentan a las consecuencias de los últimos actos perpetrados contra los
suyos, Joel se cruza en el camino de una mujer humana con una mentalidad muy
clara: El único vampiro bueno, es el vampiro muerto. La chica resulta ser nada
más y nada menos que la hermana pequeña de Hunter y, lo que empieza como un
encuentro fortuito, pronto se convierte en una misión de vigilancia y rescate,
algo con lo que Sophia no está muy de acuerdo.
Cautivado por la esquiva hembra, a Joel no le quedará otro remedio que
demostrarle a la problemática joven que no todos los monstruos tienen colmillos
y que algunos mordiscos no desgarran la carne, sino que reclaman el corazón.
Sophia Willow lleva demasiado tiempo luchando con los monstruos como para
rendirse ahora.


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