Nueve meses.
Mi cuerpo.
Sus reglas.
Todo empezó como un acuerdo comercial.
Mi clínica de fertilidad necesitaba un cliente de alto perfil para sobrevivir.
Me acerqué a Stefan Safonov: multimillonario, solitario, arrogante, guapísimo.
Él aceptó…
Demasiado, demasiado fácil.
Esa debería haber sido mi primera advertencia.
Luego, la potencial madre de alquiler se echó atrás.

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