William Belinni es el heredero directo de una de las mafias más poderosas de
Estados Unidos. Entrenado para gobernar Chicago con mano de hierro, el mafioso
de voz ronca, sonrisa salvaje y físico imponente siempre ha tenido todo a su
disposición. Con su padre al borde de la muerte y la sucesión acercándose,
William debe cumplir un último deber antes de asumir el trono: elegir una
esposa adecuada y consolidar su poder.
Rebecca Windsor es la personificación de lo que una princesa de la mafia
debería ser: hermosa, educada y moldeada para obedecer. Criada por padres fríos
y prometida a un hombre de conveniencia, creció sabiendo que su futuro nunca le
pertenecería.
Todo cambia la noche en que huye de una fiesta en apuros y se encuentra con un
extraño en el jardín. Él permanece oculto en las sombras, y ella no puede ver
su rostro. Rebecca sabe que debería volver adentro; las chicas buenas lo
harían. Pero quizás no es una chica buena, pues desafía las reglas de su mundo
y permanece allí.
Él no le dice su nombre. Ella no sabe quién es. Pero jamás se habría imaginado
que el "amable jardinero" era, de hecho, William Belinni, el hombre
más peligroso de Chicago.
En esa conversación a oscuras, Rebecca se escucha por primera vez en su vida. Y
el futuro Don encuentra algo que nunca esperó sentir: conexión.
Ella está comprometida con otro hombre, y él podría tener a cualquier mujer que
quisiera, pero nada de eso le impide querer tomarla para sí mismo.
Al desafiar a su prometido a una pelea pública, William está dispuesto a matar
y morir para ganar la mano de la única mujer que lo ha cautivado.
De su dulce obsesión.


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