Diana nunca había perdido el control… hasta que lo conoció a él.
Para una forense de la talla de Diana Sinclair, la vida se basa en dos
principios: el equilibrio y la lógica. Por eso mismo, toparse con un cadáver no
debería suponer ningún problema. Ninguna novedad.
Y, aun así, no puede quitarse de encima la sensación de que la víctima y ella
son demasiado parecidas. De que quizás es su subconsciente avisando de que está
en peligro.
Esa misma noche, en una fiesta de Halloween, un hombre misterioso disfrazado de
un asesino se cruza en su camino y la tensión entre ambos estalla.
Sin nombres, sin complicaciones, sin ataduras. Solo esa noche.

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