Ella viste las mentiras de verdad.
Él nunca deja ver lo que calla.
Cuando sus caminos se cruzan, el deseo impone un juego donde las palabras son
la seducción más peligrosa.
Antonella Russo disfraza de elegancia sus cicatrices y hace del control su
refugio. Astuta e intuitiva, convierte la imagen y el silencio en estrategia,
dejando a los demás sin defensa.
Giancarlo Bianchi domina el arte de las distancias y restaura ruinas que
guardan secretos. Nadie logra descifrar dónde termina la fachada y dónde
empieza el hombre, y eso lo convierte en un enigma que pocos se atreven a
cuestionar.


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